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FOTOS Y POEMAS




Todo comenzó, como en tantas ocasiones, con un café, una conversación trivial entre unos amigos. Me gustan las fotos que hiciste....., y alguien comenta: ¿por qué no le haces un poema a eta foto?. Vale, dime a qué foto y te lo envío. O fue al revés?.

No lo sé, pero si que es cierto y real que a alguna foto se le añadió un poema de  Ezequiel, y claro..: "oye, tu amigo no me hace a mi ninguna poesía?, no le gusto?,
- pero si no te conoce.
-Es verdad, bueno pero me gustaría.
Y así casi sin darnos cuenta , fueron fluyendo esos poemas a los retratos.
Creo que es de justicia, que estos poemas los puedan disfrutar todas las personas que quieran, por lo que vamos a publicarlos aquí.






Poema de Eze PD:
No sé de qué rara blancura,
llevando hermosa mácula por bandera carnosa
y mirando a manera de una niña diablesa,
tienes el nombre propio de la más pura rosa...

Trastocaré los prismas, voltearé visores,
rayaré varias lentes y dejaré que escoja
el azar las palabras que tal vez ni susurras
ni al aire, ni al oído ni quizás a ti sola.
Rasgaré el diccionario como si fuera un lobo 
hasta no dejar nueva ni siquiera una hoja,
y en la alta azotea todas lanzaré al viento
y leeré las que dejen sus ráfagas rabiosas,
te miraré desnuda por roto caleidoscopio
y aun así, seguramente, mi alma la tuya desconozca...

Ninfa de las corrientes,
lenta mientras devoras,
disidente del dogma
lucidez de lunática
impoluta irreverencia
maléfica Selene
ni nadie más que tú
de fuentes y jardines hada surtidora
ni tú menos que nadie
heterodoxas líneas, retoques chirriantes
ni riman la imágenes
invisibles metáforas
ni tú menos que nadie
y, menos, que el vecino, que escudriña tu aire

......y ráfagas más fuertes, más selectas las hojas
divertida......”pasota”
rebelde impenitente
insaciable......creativa
dolorosa silente
devota golondrina de las oscuras brumas
insomne exploradora de las sombras
de los matices de un oro ignoto, buscadora,
de las sedas y sexos multicolores
abanderada asunta
detectora de goznes o rendijas
tras, o en, la pulcra lisura de los espejos
entrometida de las luces
derrochadora báquica de caricias
inmisericorde idealista
águila arpía de la vulgar rutina
defensora invencible de tu selva y tus sueños
maga de los disfraces
sirena de las máscaras
eterna
adolescente adulta categórica,

histriónica...............sólo contigo misma, a solas...

y del viento en la azotea sólo queda una pajiza hoja:

AVE, BLANCA,
INSURRECTURI TE SALUTANT








Lleva tu talle aroma de las espigas
de una campiña de oro ondulada,
entre tu pecho crecen las flores
que se levantan sobre la falda, 
beben tus labios aire de puertas,
muros, y almenas de una alcazaba
pero tus ojos, alondra en vuelo,
de verde ámbar son dos guirnaldas
de aire festivo, de danza mora
donde se duermen las alboradas.
Cuando sonríes se ven las olas
iluminadas de arena y playa
bajo la brisa de caracolas
de tu cabello canela y plata.
Y es que parece, niña, que vuelas
linda paloma, ágil y blanca,
en mar de trigo, viñas y olivos
igual que vuelan las gaviotas
sobre un océano verde esmeralda.


Ezequiel










Tu silueta al atardecer,
capaz de posarse en la punta
de la hoja de hierba,
moja, un instante, tu pelo
en el agua que fluye
y, acróbata solitaria,
te posas, ágil arcoiris,
en el reverso de una hoja
bajo la lluvia de otoño.
Como un pájaro a la puesta de sol,
en tu mirada, una sola cosa:
alzarte sobre los azahares
como un saltimbanqui
que vuela ingrávido en el aire.
Todo tu ser fluye, etéreo,
como los sueños en la noche,
y en las burbujas del agua
el sol proyecta tu sombra
sobre la suave corriente..
En la luna que sale y el sol que entra,
la finura dulce de tus alas
es el momento del encuentro
entre la roja luz y el horizonte
en el vapor que emana de la tierra.
Sí...¿ aún no te lo he dicho...?
Libélula de múltiples colores,
flota tu alma suspendida
sobre el brillo de los arroyos
y bajo las sombras de los sauces.


                         Ezequiel














Suena, Aisha, íntima música, 
ronco darbuka sobre los dulces
muslos y tu talle flagrante y amarillo.
Sirve en mi copa Zaida
no sé qué hipnótico brevaje
disfrazado de té
junto a la seda que de tus senos pende.
Y tú, Alia, bajada la mirada,
jugueteas con el hookah
que en tibio amanecer
apenas aspirar me dejaste
enredada en mis brazos.
No sois reales, un sueño
de caricias, perfumes, canciones
hondura de unos ojos
perlados de diademas
se esconde, aun sin velo
los labios y rubíes,
y no lo alcanza, huidizo,
mi porfía.
No, no sois reales. Espejismos
fugaces, inasibles tersuras
al sol del azulejo, ninfas
de no sé qué lejanos oasis
o perdidos desiertos,
náyades cristalinas
de arrayanes sin nombre.
No, no sois reales...
tal vez embriagadoras huellas
de una noche estrellada,
reductos insondables
de besos a la luna,
tal vez bebí jenjibre
enlazado a unos labios
que apenas si recuerdo...
Pero, imágenes tan dulces,
rosados cuerpos tan rotundos,
blancas manos de notas,
agua y olvido,
magnéticas pupilas...
aun pareciéndome un sueño,
no os vayáis, seguid, seguid
aquí, que quiero seguir
bañándome de música,
bebiéndome ese fuego,
y, aspirando, perderme
entre vuestros zarcillos,
brazaletes, lunares y monedas
hasta que de verdad crea
que sí que estoy despierto.



                                     Ezequiel

















No, no temas ,Zaida, que clave
mi mirada, tal vez a ti furtiva
e, incluso, se antoje intrusa,
en el oscuro pozo de tus ojos.
Es íntegro y suave mi suspiro,
tan nítido y claro como tu alma.
No temas tú, que la seda
con que cubres tus labios
defiende la amenaza
de unos ojos impuros.
No temas, Zaida, que fuerce
una puerta que tú quieres cerrada.
Que soy yo quien padezco
los ojos que tú muestras,
rendija en celosía,
y zarandeas un alma
que en imantado vuelo
has raptado a ese agua
desde la que me escrutas.
Umbroso manantial, tus pupilas,
susurros son que llaman
sedientos pajarillos en secos olivares
en busca de cobijo
de este estío sureño,
ardiente y encendido.
Manantial que tú eres,
bálsamo líquido, sombra y frescura,
no, no niegues , oh Zaida,
no niegues breve sorbo
a un jilguero solitario y perdido,
que, absorto en tus dos ojos,
se ha enredado, tú, cimbel dulce,
involuntaria trampa tejida
entre blancos jazmines y suave seda,
en el murmullo oscuro de tu pelo,
unas perlas de plata en la frente
y la curva de mirto de tus cejas.
No me temas, tú, Zaida,
prisionero me tienes, como ajeno,
que soy yo quien no me encuentro,
que ni mis alas son mías,
ni mi alma es ya mi alma.



                                Ezequiel





 
                              







Cae, lejos, la tarde tibia y dulce
sobre la suave duna de tu velo,
fina arena de rosa del desierto,
envolviéndote el oro de sus luces.

De negro azabache la diadema,
de plata orlada, cae entre tu frente
y los inmensos ojos con que ofreces
la tersa juventud de tu belleza.

No te demores, Aisa, que tus labios,
brillo sutil entre las comisuras,
tienen mi alma presa como a un pájaro.

Cautivo está mi vuelo en jaula oscura
teñida de hiel ámbar : mi calvario,
que sólo sana un beso de luz pura.
 


Ezequiel





















Amor, ya no te amo, es cierto,
ha sido, ay, necesario,
pero, sin duda, por eso
gravitas en mi diario.

¿No te basta, luz, con esto?
Te amé aún sin conocerte
y tú, a tu modo, me amaste
y no dudé yo en creerte.

Se cruzaron, sí, dos trenes,
acaso sufrieron daños,
dos vidas, dos movimientos,
impares seres... ¿extraño?

Pero nuestras horas siguen,
relojes desacordados,
yo tu mal no lo deseo,
tu bien yo lo he imaginado.

Roces de aristas denudas
los cristales han truncado
pero en mí te llevé dentro
y jamás será borrado.



                                  Ezequiel





Apenas si te vi entre los mirtos y azahares,
entre los claros de luz de los naranjos
de lúcidos estanques y arriates
escueta isla tú de verde y blanco 
en surtidores incendiados al aire
toda aromada de rosas, jazmines y gladios.

Tus ojos hicieron zozobrar los míos,
en vaivén tus profundas pupilas,
y en recio oleaje se ahogó mi albedrío
inundado en no sé qué torrente o crecida.

Asaltaron las olas de tus ojos 
de mi sauce llorón las ramas blandas
y poco a poco sometiste los muros
en que ocultaba su razón mi alma.

Ojos azules como mar profundo,
más marinos que aquel cielo raso,
azures, como alas del viento,
profundos como el inmenso espacio.

Tus ojos fueron máquina del tiempo
y en ellos vi que llegaba una espina,
que no pude esquivar, callado ciervo,
directa a mis entrañas, de tus pupilas.

Y ya no supo bien mi alma, que tu sonrisa,
mágica flecha de un dios del cielo,
cual paloma acompañó a la espina,
y me quedé sin alma, sin ser ni pensamiento.

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